Nueva Etapa de la revista La Pecera

que inició su recorrido durante la crisis argentina del 2001 hasta el año 2009, en que dejó de publicarse en papel , hasta 2016,  en que reaparece con el Nro 15.

 "Ningún pez es demasiado raro para tu pecera" es el lema de la revista, inspirado en la conocida novela de D. H. Lawrence, señalando la heterogeneidad de contenidos y lenguajes. Y también, una apuesta por autores, poéticas y pensamientos a contrapelo.

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La PECERA.ne

ISSN 1666-8782

Fundada en Mar del Plata, otoño de 2001 © Editorial Martín y O. Picardo

DIRECTORES:

Osvaldo Picardo  y  Héctor Freire.

© 2016 Big Fish para La Pecera. Creado con Wix.com 

lapeceralibros@gmail.com

DIRECCIÓN POSTAL: Av. Pueyrredón 2387  5º Piso.  (1119) Capital Federal 

POESÍA INÉDITA

EMILIO TENO (Bahía Blanca, 1978) estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Entre los años 1999 y 2008 vivió en distintas ciudades de Europa. En 2004, en España, Editorial Renacimiento publicó su primer libro de poemas: El tiempo que nos toca. Además de trabajar en poesía, narrativa y teatro, es autor de letras de canciones que han grabado artistas locales. Algunos de sus poemas, cuentos y artículos han sido publicados en diferentes medios gráficos argentinos y españoles.

 

En la revista “El Cultural” del diario “El Mundo” de diciembre de 2004, Francisco Díaz de Castro reseñó: "...son muchos los aciertos de Teno en sus mejores poemas: su facilidad para suscitar emociones cuando no las cuenta, su claridad de espíritu, su tino expresivo y logros tan distintos como Exilio, El puerto, Buenos Aires y, sobre todo, la sección De la forma en que me inventas, donde intimidad e historia juegan con acierto contra la facilidad."

 

 

HEMINGWAY

 

en un siglo

de morfina y transfusiones

no la herida

la causa

aquello que no se mitiga

en quirófanos y bares

un escopetazo en Idaho

un olor a carne putrefacta

que baja densa

como la niebla

desde el Kilimanjaro

 

 

LA LÁMPARA

 

Esta lámpara que ignora

los tórridos anaqueles de Alejandría

y sólo sabe iluminar

mis medias sucias,

se debate esta noche,

con luz tenue,

entre medio vaso de vino

y un adjetivo manoseado

por todos los poetas del mundo.

 

 

  

NOTA ENIGMÁTICA AL PIE DE LA LISTA DE LA COMPRA

 

No olvidarse de traer

aquello que,

sin ser del todo verde,

se ubica entre el polvo ceniciento

de las legumbres

y el brutal escote

de la verdulera

 

 

UN BARBARE EN ASIE O EL DESCONOCIDO ORIENTE

 

estampados en un papel japonés (¿de arroz?) casi transparente como ala de insecto  (fina, finísima)

trazos de un pincel de cerdas (¿ de buey, camello?) con mango alargado (¿ de bambú?) dibujan ideogramas (¿ palabras?) y abrazan un puñal para darse la muerte por honor y otras chinerías.

EZEQUIEL AMBRUSTOLO. Nació en Banfield, Lomas de Zamora, Buenos Aires, en 1983. Publicó “La fuerza de las horas” (Alción, 2008) y “Teoría del Amanuense” (Editorial Alción, 2011). Se ha desempeñado como corrector literario y librero.

 

IOGA

 

Gracias por las horas, y esos días

de marzo, en que el cielo parece

más cercano que de costumbre,

y las hojas que vuelan, como pájaros.

 

Gracias por los dones cotidianos,

y la luz, crispada en los espejos.

 

Gracias porque todo está hecho de sol,

y de bienaventuranza.

 

Gracias.

 

 

 

EL FONDO DE LAS NOCHES

 

Y ahora que hemos sido

expulsados, definitivamente,

del reino de la infancia,

 

dinos

querida y humilde hermana menor

qué otra patria fundaremos

para alimentar

a estos unicornios que se alejan.

 

 

 

QUINTA LOS OMBÚES

 

Yo sólo quiero entreverarme junto a los árboles,

y vivir en la fe de los pájaros.

 

No quiero saber nada de las vanas noticias del mundo.

 

Tan sólo poder ver, al ocaso,

el agua que moja el horizonte

y la espera.

 

Voy hacia la naturaleza.

 

Me despojo de todo.

 

Soy lo que quiero.

 

 

ALLÁ LEJOS Y HACE TIEMPO

 

Echado en el pasto, con la frente en el cielo,

regreso al origen.

 

Cuando yo era niño gozaba como niño.

Las plazas eran espaciosas como un campo,

y podían hospedar la alegría de cuatro pueblos.

 

Los simples gorriones eran la sorpresa

en alas más nueva, y cuando llegaban del cielo

los regalos vestidos de hornero,

calandria o zorzal,

la sonrisa me duraba hasta las estrellas.

 

La realidad estaba cargada de entidad

y en pleno movimiento.

 

Los árboles y las plantas eran dioses callejeros,

y cada adulto tenía la sabiduría necesaria.

 

Recuerdo mis caminos de tierra,

y el paso silencioso de las hormigas.

 

Gracias doy a las cosas y los seres

que me hablaron en el alba de aquel hermoso tiempo.

 

La infancia es un largo mediodía

en el que nunca atardece.

 

 

DESPEDIDA EN UNA PLAZA

 

Allí mis días encontrarán la estrella

que la ciudad me ha robado una y otra vez,

y las palabras del eremita

se repetirán como un suave eco.

¿Cuántas vacaciones contaron tus días

desde que eras niña, mi querida,

y saboreabas  el gusto de la naranja,

acaso sin saber que aquel que vive

como un pequeño, pasa su vida en feliz pereza?

 

No por otra flor te invitaba a mirar

la tarde desde un parque o una plaza,

porque allí los ánimos convulsos

se tienden en la serenidad,

como si presenciaran una ceremonia,

y nadie espera más de lo que llega.

 

Todo lo bueno que pude decir aquella vez

se nos evaporó rápidamente entre las manos,

y si bien es cierto que en las sombras nadie

entiende nada, mayor verdad es que en ese día

la paz y sus árboles nos acompañaron

hasta nuestra casa, bien entrada la noche.

 

Y ahora veo, en las domésticas horas de sosiego,

el símbolo de una luz cercana

o el diario espiritual de mi vida,

cuando la calle es un demonio oscuro

y tu mirada reclama apenas el alba.

OSVALDO BALLINA nació el 7 de febrero de 1942 en La Plata -donde reside-, ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, la Argentina. Fue becario de la Fundación Rotaria Internacional en Estados Unidos (1965) y de la Asociación Dante Alighieri de La Plata en Italia (1978). Ha sido traducido parcialmente al italiano, al portugués y al catalán y se ha desempeñado como Jurado de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires y de otros organismos culturales oficiales y de entidades privadas. Citamos dos de las distinciones obtenidas: Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Comité Central, en 1976, y Premio Consagración de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires en 1996. Como traductor de los idiomas inglés, italiano y francés, ha dado a conocer en suplementos literarios del país, poemas y prosas de diversos autores. Su poesía se ha difundido en los diarios “La Nación”, “Clarín”, “La Prensa”, en la “Revista Ñ de Cultura” y en numerosos medios gráficos y digitales. Ha sido incluido, por ejemplo, en las siguientes antologías: “Nueva poesía argentina” (Ediciones Hiperión, Madrid, España, selección de Leopoldo Castilla, 1987); “70 poetas argentinos: 1970-1994”  (selección de Antonio Aliberti, 1994); “Cantos australes – Poesía argentina 1940-1980” (Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, Venezuela, selección de Manuel Ruano, 1995); “Cinque poeti argentini” (Edizioni Tracce, Pescara, Italia, selección y traducción de Enzo Bonventre, 1997). Publicó entre 1971 y 2014 los poemarios “El día mayor”, “Esta única esperanza contra todo”, “Es temprano”, “Aún tengo la vida”, “En tierra de uno”, “Caminante en Italia”, “Diario veneciano”, “Ceremonia diurna”, “La poesía no es necesaria”, “La vida, la más bella”, “Sol que ocupa el corazón”, “Sondas”, “Final del estante”, “Verano del incurable”, “Confines”, “El viaje”, “Apuntes del natural”, “El caos luminoso”, “Oráculo para dones fatuos”, “El pajar en la aguja”, “Prodigios residuales”, “Lejos de la costa”, “Profanaciones ínfimas”, “Memoria de la India”, “Refugio de altura”. Además, los volúmenes “Estamos vivos y vamos a vivir” (Poemas 1971-1992) y “Al dios que sea” (Poemas 1971-2003).

 

 

 

 

ÉL O LO QUE CREÍA ERA ÉL

 

él o lo que creía era él, se fue del mundo

no era feliz, no era amante, no era soñador, nada

un aire, silencio vulgar sin tacto, sólo la herencia del vacío

antes y después de su nacimiento, un día sin tiempo

sin pasión, se preguntó por la escritura y le parecía inhumana

fuera del mundo, sin saber si él era él

mirando hacia atrás le nacía, ya perdido,

el sentido de impudor

 

 

 

EL QUE ESTA VEZ ERA ÉL

 

él  que era él esta vez

selló su paz sin incitación ni jactancia

tributaria de pasadas creencias, pasiones y abismos

tengo derecho a mi soledad, se dijo,

ante los hombres y las cosas

sentencia que alcanza a mis objetos de culto

lo que creyó pérdida fue redención

a expensas de una versión del mal

y la inconciencia, espontánea espuma de vicios

él que esta vez era él

sin saber si estaba fuera o dentro del mundo

sospecha de la reversibilidad del alma

 

 

LA PUNTA DEL OVILLO

 

el que es él y él que no es

armonizados sus dioses y demonios

dejaron de lado, como premisa de convivencia,

la jerga indigna

látigo de  infecundidad

traidora naturaleza , labios cosidos

que nos vuelve lo que no somos

en un cuerpo cerrado 

 

 

DILEMA PARA ECONOMISTAS

 

se multiplican los alimentos igual que los hambrientos

y en el azul constante todo se va a pique

la pesca es favorable

pero los únicos golosos son los peces

que no riñen en ningún idioma

 

 

LA  ULTIMA MIRADA

 

salí a  buscar mi última mirada

aún no es medianoche y no encontré la primera mirada

juego con la arena de una playa eterna

niño o adulto no sé quien soy

lo cierto es que estoy vivo

los manantiales natales parecen profecías

juego con la arena en una playa eterna

veo tierras tumbas

la voz de los ausentes de la tierra

no me alcanza

¿juego es un don efímero?

¿la arena no se ha mudado hacia el mar?

¿la playa desapareció devorada por el agua?

no sé si niño o adulto

pero voy hacia la última mirada

sin pasajeros enfermos

FRANCISCO ATENCIO nació el 22 de octubre de 1988 en Mar del Plata, ciudad en la que reside. Cursa la carrera de Licenciatura en Letras de la UNMdP. Trabaja como editor y generador de contenidos en una editorial internacional. Es músico, principalmente pianista, y aficionado a la paleontología. Inédito.

 

 

NOCTURNO

 

En ese mundo sin sonidos

he sentido nostalgia de la tierra.

 

Quisiera volver, alguna vez, a aquella esfera perdida

en el espacio. A sus golfos marinos,

pálidos como amapolas.

-Alfredo Veiravé

 

Las estrellas cantan sin detenerse,

como si la noche fuera una ducha

eterna que no moja. Mientras, mucha

gente juega a encontrarse y a perderse

y a vivir una fiesta sorda. Verse

breve, sentirse poco: esa lucha

sin descanso del único que escucha

la música celeste sostenerse.

Una vida en un parpadeo. Una

canción sola, con billones de acordes

y contrapuntos que quiebran los bordes

antes juntos. Este trayecto acuna

la idea cósmica de economía:

todo está en todo en esta sinfonía.

 

 

 

 

 

 

I

Nosotros somos

caídos.

Rodados

casi desde el cielo

o las alturas de la plata

y tras cruzar sierras y pampas y desiertos

acabamos a orillas

del acantilado

o del agua.

Acá,

al costado de las hazañas,

acá,

al sur del centro,

nosotros no respiramos aire:

nosotros respiramos mar

y el verde en el médano

y la siesta en la arena

y la humedad en cada cosa.

 

II

Acá,

la canaleta tira

hacia las rocas o mar adentro,

y es arriesgado dejarse arrastrar

por la corriente.

Por eso,

por respeto o por miedo,

nosotros somos

nadadores

por reflejo y por impulso

y por necesidad.

Nosotros somos

ignorados.

Nadie nos aplaude si nos perdemos jugando

Pero tampoco dejamos

que nos impongan su ritmo

ni viento ni lluvia ni granizo.

 

III

Pero nada,

nada, nada

con más ritmo que el mar.

El mar,

ritmo de divagaciones.

El mar,

con su baba y con su epilepsia

y con su aliento a viejo verde.

El mar,

con su pentagrama de espuma.

El mar

en mi bemol que nos arrebata a cantar

con un golpe de ola,

con voluntad de escollera,

con la lengua vuelta aguaviva.

 

IV

El mar

es de la gente en la orilla

o de los barcos más adentro,

pero desde lejos

nosotros somos

sus dueños legítimos.

Desde lo lejos que sea,

el mar

es siempre

nuestro.

 

 

 

EL SUEÑO DE BARSUT

 

En este suelo clemente

cargamos como podemos

con todo el peso de lo humano.

Pero en aquel sitio perdido

en el olvido más oscuro,

la superficialidad es un recuerdo.

 

El abismo convierte

en negro invisible el rojo,

y la presión que cierra los ojos

convierte en invisible todo

el resto monstruoso.

 

El aire se vuelve agua pesada,

y lo estático respira y vive

y no duerme.

 

                -En mi sueño no hay símbolos-

                comentó en un sueño

                el muerto que habla.

                Y el amor le cayó de golpe,

                y el compromiso lo hundió hasta el fondo.

                Dejó extraviado un ojo,

                y de vuelta trajo, tan sólo,

                un juguete despreciado.