Nueva Etapa de la revista La Pecera

que inició su recorrido durante la crisis argentina del 2001 hasta el año 2009, en que dejó de publicarse en papel , hasta 2016,  en que reaparece con el Nro 15.

 "Ningún pez es demasiado raro para tu pecera" es el lema de la revista, inspirado en la conocida novela de D. H. Lawrence, señalando la heterogeneidad de contenidos y lenguajes. Y también, una apuesta por autores, poéticas y pensamientos a contrapelo.

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La PECERA.ne

ISSN 1666-8782

Fundada en Mar del Plata, otoño de 2001 © Editorial Martín y O. Picardo

DIRECTORES:

Osvaldo Picardo  y  Héctor Freire.

© 2016 Big Fish para La Pecera. Creado con Wix.com 

lapeceralibros@gmail.com

DIRECCIÓN POSTAL: Av. Pueyrredón 2387  5º Piso.  (1119) Capital Federal 

XELO CANDEL VILA

inéditos)

XELO CANDEL VILA (Valencia, 1968) es doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, donde trabaja como profesora de Literatura española. Ha sido profesora en Bucknell University, Ohio University, y Saint Louis University. Ha publicado, entre otros, El libro de las baladas y Romances de colorido de Luis Rosales (2012), De lo vivo a lo pintado. La poética realista de Max Aub en el ámbito de la Modernidad literaria (2008); El romántico ilustrado. Imágenes de Luis García Montero, con Juan Carlos Abril (2008); Luis Rosales después de Luis Rosales (2005); El realismo dialéctico en las poéticas de Luis Rosales, Ángel González y Luis García Montero (2003); La casa encendida, de Luis Rosales (2002); Versiones y subversiones, de Max Aub, con Dolors Cuenca y Rosa M. Belda (2001); Diario de Djelfa, de Max Aub (1998) y en breve verá la luz Victoriano Crémer y José García Nieto. Epistolario inédito (1944-1976). Como poeta ha publicado Los comediantes (1993), A destiempo (2003), con el que obtuvo el Premio Miguel Labordeta; La arena (Torremozas, 2009) y Hueco. Mundo solo (Renacimiento, 2013), Premio de la Crítica Valenciana en 2014.

 

 

 

LA LUZ O LA NADA

Cuánto hay de azar en el silencio,

cuánto de sucesiva eternidad.

El mundo se cierra sin respuestas,

naufrago por ellas sin posible asidero,

persigo el aire que desaparece.

La vida se precipita en jirones,

cae y no alcanza materia en su vértigo.

Soy lo que ha muerto,

el mar oscilante que sostiene la tarde

sin recuerdos ni orillas.

 

La luz o la nada repite el eco.

 

Despertamos al origen del propio ser,

allí donde el deseo es un lamento

al borde mismo del caos,

donde se impone la constante vocación

por borrarse de un soplo.

 

Llévame de nuevo a ese mar tuyo tan pleno

en el que la calma abrazaba

el pulso tembloroso de la vida,

a esa playa tuya tan alta

donde las palabras tienen un nombre.

 

            Un solo nombre.

 

Entonces o ahora, pasajeros incendiados,

dioses de un mismo cauce,

mientras arden las nubes.

 

 

 

 

MENGUAR EL CANTO

 

 

Qué encierra tanto enigma

en su abandono, cuál será

el sueño, la grieta, el cobijo

antes de que la sombra caiga.

 

Oigo menguar el canto

pues nada sabe en su vagar enfermo

y su única evidencia es el páramo.

 

Sucede entonces el mismo paisaje,

 las nubes inciertas se apagan

con la quietud amarga de los días.

 

Convoco la cobriza realidad

 aun sabiendo su inclemencia.

 La belleza en su madeja

convoca todos los fantasmas.

 

Un quiebro del destino se apropia

de los silencios que ya no nos corresponden,

son del aire, con él se acunan

sin permitirnos ser final u origen.

 

Ebria es la vida en su huella mínima,

 así el dolor soporta la arena,

las gotas de un mar en pleno equilibrio.

 

Al margen de lo vivo, la erosión

sigue su curso, me reclama adentro,

entierro mi cuerpo en sigilosa

trama, sin lugar seguro donde rendirse.

 

Morir es olvidar tal vez

la virtud que un día ofrecieron las palabras,

 poco importa el eco de lo que fueron,

la estricta voz que fundó su leyenda.

 


SER SIN SOL

 

Atardece deprisa. La tierra, nada.

La voz, de nadie. Contemplad este cuerpo

cansado, sin orden y perplejo.

 

Parece un mundo deshabitado,

despojado de antiguos afanes.

 

Sus dominios han sido arrasados

por feroces bestias inclementes.

 

Una vez fue plenitud, ternura

emboscada aguardando la dicha.

 

Una vez fue río en su sereno

 discurrir, infinita dulzura.

 

Fue fruto entregado a la naturaleza

pues a ella pertenece como el sol a la sombra.

 

Soy sin ser, pero algo queda aún

de aquella fuerza perpetua

que asoma y todo llena y todo es.

 

 

 

 

 

 

CUANDO ESE DÍA LLEGUE

 

Cuando llegue el momento,

cuando el destino acierte

a fijarse en su errónea trayectoria

y corrija su rumbo,

acontecerá la luz que nos es negada.

 

El gris de los cristales

nos devolverá la cordura,

la delirante fe que perseguimos.

 

Somos servidumbre del tiempo,

han ocupado los dominios

que una vez fueron nuestros.

 

Nos han sometido a la fuerza,

nos obligaron a hablar otra lengua

 hurgaron en nuestros desvelos,

nos despreciaron.

 

Nos recordaron que ya no es invierno.

Aquellos que fuimos no somos ni seremos

pues las nubes pasan, son otras,

ya no nos contemplan de la misma manera,

no nos celebran como entonces.

 

Un día, cuando el azar quiera,

vendrá hasta esta casa esa luz

declarará su reino en ella

por esa costumbre suya tan propia

que tiene de escribir en la memoria

la vana vocación de amar lo eterno.

 

 

 

 

 

 

 

INSONDABLE ECO

 

 

Casi dudo de que fuera real

 y aun así sé que fue cierto,

pues pude afirmarme en el viento,

atrapar el perfil que no se quiebra

en su ausencia, la tierra

que no termina, testigo del origen.

 

En el horizonte vibra el mar ebrio,

constante en su espesura,

 persiguiendo la huella

contraria a esta hiriente luz

que nos confunde en la lejanía.

 

El don de la claridad brilla

en los restos de las últimas sombras.

El poder que otorgamos

cuando queremos descifrar las ruinas

 nos devuelve un triunfo breve

que cede ante el deseo apenas confiado.

 

Contemplo la derrota en la raíz del iris,

en mi rostro tiznado de oscura aurora.

La mirada me devuelve a la infancia

pura y fértil de lo inefable.

 

Reconozco la inocencia interior

pues los ojos no mienten,

no son calumnia las húmedas manos,

no engaña el aliento que nos respira,

la piel es real, delicada en su moho,

no se desvanece en la infamia.

 

En el silencio férreo de la crueldad

se revela en parte la figura del otro

su yo sin vértices ni mapas,

la nada que se esconde tras la nada.

La azul intermitencia del naufragio

se abisma en el lenguaje.