Nueva Etapa de la revista La Pecera

que inició su recorrido durante la crisis argentina del 2001 hasta el año 2009, en que dejó de publicarse en papel , hasta 2016,  en que reaparece con el Nro 15.

 "Ningún pez es demasiado raro para tu pecera" es el lema de la revista, inspirado en la conocida novela de D. H. Lawrence, señalando la heterogeneidad de contenidos y lenguajes. Y también, una apuesta por autores, poéticas y pensamientos a contrapelo.

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La PECERA.ne

ISSN 1666-8782

Fundada en Mar del Plata, otoño de 2001 © Editorial Martín y O. Picardo

DIRECTORES:

Osvaldo Picardo  y  Héctor Freire.

© 2016 Big Fish para La Pecera. Creado con Wix.com 

lapeceralibros@gmail.com

DIRECCIÓN POSTAL: Av. Pueyrredón 2387  5º Piso.  (1119) Capital Federal 

ENSAYOS

WEB MATA POESÍA

 

Por Aníbal Zaldivar

 

 

 

Esto es: 1) una queja; 2) una advertencia; 3) una elegía. Me gusta y no me gusta el título pero es el que traigo de lejos: desde aquella vez que sentí un ruido raro en los oídos cuando leí la supuesta “Carta de despedida” de García Marquez, en 1997, distribuida a través de la incipiente internet, en nuestro medio, por una “persona culta” de mi pueblo. Con el verbo encendido de emoción, mi vecina declaraba su adhesión a tan sensible gesto del autor de Cien años de soledad, quien, al enterarse de que padecía cáncer, salía melodramáticamente al mundo para arrepentirse de sus torpezas y a dar consejos de vida. “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz…” Esto es el comienzo nomás, pueden leerla completa en la web. Como ocurre con otros textos atribuidos a grandes escritores, predomina la vulgar apelación al carpe diem, los consejos morales, una vaga sensiblería y sobre todo, un lenguaje despojado de belleza y poesía. García Márquez declaró, con su auténtico humor: “lo que me puede matar es la vergüenza de que crean que yo escribí algo tan cursi”.

Más o menos por esos mismos años empezó a circular en la web un poema atribuido a Jorge Luis Borges: “Instantes”. Lo envió otra “persona culta” de mi pueblo, acompañada de los consabidos suspiros y emociones. Al leer el primer verso ya sentí el ruidito de la falsedad. Una década más tarde, mi desesperación renació cuando se lo oí recitar a un joven, licenciado en filosofía. Mientras leía, el muchacho endulzaba su voz románticamente, torcía los ojos, entre suspiros, y a mí me corría un sudor frío por la espalda. Transcribo fragmentos. Entre paréntesis van comentarios de Borges (inventados por mí). Si pudiera vivir nuevamente mi vida/ en la próxima trataría de cometer más errores (¿Más todavía?). No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más (Practicaría yoga). Sería más tonto de lo que he sido (¿Más todavía?). De hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. (Apología de la mugre). Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. (Viajé mucho con Kodama, me pasé toda la juventud mirando los atardeceres de Buenos Aires, de viejo prefiero las luces del centro). Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, (¿Y por qué no un helado de habas?, me sugiere Bioy). Tendría más problemas reales y menos imaginarios. (Mi gran problema fue la realidad). Yo fui una de esas personas que vivió sensata/ y prolíficamente cada minuto de su vida; /claro que tuve momentos de alegría.

(¡No es cierto! ¡Fui insensato, incluso infeliz!). Daría más vueltas en calesita/ contemplaría más amaneceres/ y jugaría con más niños,si tuviera otra vez vida por delante. (Soy pitagórico, soy optimista, viviré otras vidas). Pero ya ven, tengo 85 años... y sé que me estoy muriendo. (Yo, que renegué del énfasis, vuelvo a morir si me atribuyen este poema).

 

Ya advertido, abrí la caja de Pandora y aparecieron otras “atribuciones”. A Walt Whitman le encajaron el poema moral con título de orden y mandamiento: “No te detengas”. Lejísimos de la poesía del gran maestro, se parece más a una mala versión de Almafuerte. “No dejes que termine el día sin haber crecido un poco/ sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. /No te dejes vencer por el desaliento/ No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, /que es casi un deber…”  Es largo y todo así. Búsquenlo en la web, y ¡léanlo! Es una orden.

A Pablo Neruda le colgaron unos cuantos poemas. Sentí el pánico auditivo en el restaurante de un amigo que había impreso el poema en la mismísima carta de comidas. Me limité a decirle, con delicadeza: “¿Estás seguro que es de Neruda?” Luego confirmé que se trata de “Muere lentamente”, un poema de autora brasilera. También se le atribuyen a Neruda dos poemas-decretos: “Queda prohibido” y “Nunca te quejes”.

 

Hasta aquí, nada demasiado grave: poemas apócrifos, confusión. Siempre hubo problemas de este tipo y los sesudos académicos y filólogos lo saben. Pero hay otra cosa que me jode y fue la que me impulsó a escribir esta nota. Hace unos meses buscaba en la web un soneto de Miguel Hernández que me sé de memoria, pero no quería tipear –una de las comodidades de internet-. Di con una prestigiosa página de poesía, encontré el poema, pero al leerlo volvió aquél ruido a falsedad, aquella incomodidad. Algo “sonaba” mal. Comparé la versión de la web con la de los libros –que era la de mi memoria- y confirmé la sospecha.

 

Versión web:

Me tiraste un limón y tan amargo...

Me tiraste un limón, y tan amargo,

con una mano cálida y tan pura,

que no menoscabó su arquitectura

y probé su amargura, sin embargo.

Con el golpe amarillo, de un letargo

dulce pasó a una ansiosa calentura

mi sangre, que sintió la mordedura

de una punta de seno duro y largo.

Pero al mirarte y verte la sonrisa

que te produjo el limonado hecho,

a mi voraz malicia tan ajena,

se me durmió la sangre en la camisa,

y se volvió el poroso y áureo pecho

una picuda y deslumbrante pena.

 

En todas las páginas de internet que consulté encontré esta versión. En la versión auténtica, leemos en los dos primeros cuartetos:

Me tiraste un limón, y tan amargo,

con una mano rápida y tan pura,

que no menoscabó su arquitectura

y probé su amargura, sin embargo.

Con el golpe amarillo, de un letargo

pasó a una desvelada calentura

mi sangre, que sintió la mordedura

de una punta de seno duro y largo.

Error y horror. Ya no se trataba atribuciones falsas, sino de cambios. En poesía, los detalles son todo. No es lo mismo “rápida” que “cálida”; no es lo mismo “desvelada” que “dulce y ansiosa”… Y en el contexto del poema y del lenguaje de Miguel Hernández, mucho menos. ¿Habrá alguna página con la versión auténtica? Yo no la encontré: la falsa se multiplicó como un virus…

Hice otra prueba, con un poema de Federico García Lorca que también tengo memorizado por siempre. Algo sonaba mal.

 

Versión de la web:

 

 A Mercedes en su vuelo

 

Una viola de luz yerta y helada

eres ya por las rocas de la altura.

Una voz sin garganta, voz oscura

que suena en todo sin sonar en nada.

 

Tu pensamiento es nieve resbalada

en la gloria sin fin de la blancura.

Tu perfil es perenne quemadura,

tu corazón paloma desatada.

 

Canta ya por el aire sin cadena

la matinal fragante melodía,

monte de luz y llaga de azucena.

 

Que nosotros aquí de noche y día

haremos en la esquina de la pena

una guirnalda de melancolía.

 

La versión de mi memoria y de los libros –Losada y otros-, tiene una variante, en el último terceto:

 

Que nosotros aquí de noche y día

haremos en la espina de la pena

una guirnalda de melancolía.

 

El cambio es mínimo, pero fundamental. El poeta dice azucena, dice guirnaldas, sugiere la metáfora primordial flor-mujer. El error duele, pincha el sentido poético. Después de recorrer la web –incluso versiones musicalizadas del poema-, en todas las versiones que encontré aparece “esquina”. Fui a la página oficial de Lorca, pero allí no hay poemas, sino escritos biográficos, resguardos legales, textos críticos. ¿Se impondrá finalmente esquina por espina? ¿Vencerá cálida por rápida? ¿Dulce y ansiosa por desvelada?

Con más perplejidad que escándalo –no abandono la ternura hacia todos nosotros, los humanos, no me enojo- recordé una anécdota: hace muchos años, en la biblioteca de mi pueblo, encontré en el catálogo las obras de Nicolás Guillén. Entre ellas figuraba “El son entero”, su libro de poemas más conocido. Pero al copiarlo, habían modificado el título, habían escrito: “El son eterno”. Entonces pensé, sonriendo en silencio, que seguramente el copista pensó: “Esto no puede ser, el poeta de haberse equivocado. ¿El son entero? ¿Y eso qué significa? Debe haber querido escribir El son eterno. Es más poético. Es verdaderamente poético”. Y así, “corregido”, lo anotó.

En el tiempo que transcurrió entre la escritura del borrador de esta nota y la versión final, dí mi última charla sobre “la poesía y el mar”. Tenía en el guión el magnífico Soneto XXI de Lope de Vega. Por no tipearlo, fui a la web, y encontré otro “pequeño” cambio:

 

Soneto XXI

 

Rota barquilla mía, que arrojada

de tanta envidia y amistad fingida,

de mi paciencia por el mar regida

con remos de mi pluma y de mi espada,

 

una sin corte y otra mal cortada,

conservaste las fuerzas de la vida,

entre los puertos del favor rompida,

y entre las esperanzas quebrantada;

 

sigue tu estrella en tantos desengaños,

que quien no los creyó sin duda es loco,

ni hay enemigo vil ni amigo cierto.

 

Pues has pasado los mejores años,

ya para lo que queda, pues es poco,

ni temas a la mar, ni esperes puerto.

 

Amigos: el verso número siete está cambiado. El original es:

“entre los puertos del fervor rompida”.

 

Dice Lope que su barquilla se rompió en los puertos de fervor, no del favor. Y está muy clara la diferencia. Ahora, cada vez que busco un  poema en la web, tiemblo… Y me pregunto, con fervor: ¿Qué pasará de aquí en más con transmisión de la poesía?