Ensayo y Traducción de Estena Nicotra

Cuando Pasolini
votaba al PCI 

Seguido de la entrevista que publicó el diario del PCI (Partido Comunista Italiano)

“L'Unità”, el 20 de abril de 1963 

S: Conocidas son la pasión y la sinceridad con las que Pier Paolo Pasolini manifiesta sus opiniones sobre los problemas políticos, no menos que sobre los sociales, estéticos, culturales. Justamente por esto nuestra conversación se inicia y se desarrolla con preguntas y respuestas en las que el acento personal está particularmente presente.

Vos expresaste públicamente, en prosa y en verso, tu simpatía por el experimento de la centro-izquierda cuando se realizó. Hoy a más de un año de distancia, ¿tu opinión ha cambiado?

 

P: Yo he sido uno de aquellos que han acogido con cierta opinión favorable a la centro-izquierda. Recuerdo que hace dos años publiqué en el Avanti! un poema sobre Nenni, augurándole un buen trabajo. Después tuve que retractarme. Me explico, sigo a Nenni todavía con la simpatía e incluso con la inquietud con la que se sigue a un hombre que se ha ubicado en una situación difícil, contradictoria y “escandalizadora”. Por otra parte, el problema no rigurosamente político sino, diría, sentimental, que la centro-izquierda suscita es uno de esos problemas que se resuelven con sentido común, y por lo tanto, no se resuelven. Es decir, ¿es preferible un gobierno de centro o de centro-derecha, o bien un gobierno de centro-izquierda? El sentido común dice, indiscutiblemente, que la segunda opción es la que hay que elegir. Bien. Pero lo menos peor, como siempre, nos hace comprender hasta qué punto lo mejor es distinto.

En lo que a mí respecta, personalmente, -para mi vida, mi trabajo- estos años del centro-izquierda han sido los peores. Pero la situación del chivo expiatorio no es, por cierto, la mejor para juzgar serenamente las cosas. Me lo explicó el otro día un muchacho de dieciséis años en una reunión en la asociación “Nueva Resistencia”: la derecha, bestializada por una perspectiva más democrática de gobierno, se encarniza con más rabia, ahí donde puede, contra sus adversarios clásicos: por ejemplo, los intelectuales. Tomemos nota de eso que incluso un muchacho de dieciséis años comprende.

(Pero mientras esto puede quedar como el lado bueno de la cosa: la escisión abierta, descubierta, desnudada entre el gobierno y el Estado. Es la primera vez que esto sucede en Italia. La burocracia, la justicia, el Corriere della sera, la televisión, no piensan la situación como los hombres del gobierno: han quedado en las tinieblas y en el odio de las derechas. Bien, ¿no es esto un hecho clarificador? ¿Y no es una grieta que se insinúa también en el enorme cuerpo de la Democracia cristiana?).

 

S: ¿Deducís de estas consideraciones una opción electoral precisa?

 

P: También este año, como siempre, voto al partido comunista. Lo sabés bien, el voto es un hecho extremadamente privado, delicadamente privado, incluso patológicamente privado. Bien, mi vida privada es atormentada por su contrario: por la oficialidad que, literalmente, no quiere admitir mi existencia. Y me destina a un estado que corre el riesgo de convertirse en ridículo: el de un perseguido. Por eso debo confesarte que tampoco me gusta esa porción de “oficialidad” que hay en el Partido Comunista. Cosas mías, sin duda. Un Partido que se considera, con derecho, maduro para tomar el poder y gobernar, no puede no ser en cierto sentido “oficial”. Para mí, la oficialidad es exactamente lo contrario de la racionalidad. No obstante eso, voto por el PCI sin la mínima duda, o la mínima incertidumbre interior. Porque sé que la racionalidad del marxismo es más fuerte que cualquier contingencia incluso desagradable, de cualquier situación particular que regule las relaciones entre los comunistas de extracción o formación burguesa.

 

S: Se discute mucho sobre el milagro económico, sobre el “bienestar”, desde que han cambiado las condiciones de vida de las masas populares en estos últimos años. ¿Cuál es tu parecer con respecto a eso?

 

P: Es verdad, como dice Moravia, en una sociedad existe lo que se piensa que existe. Pero el deber primordial de un escritor es el de no temer ser impopular. Yo corro el riesgo de quedar como un novelista de los años Cincuenta si insisto en decir que en nuestra sociedad existe lo que existe: o sea, que existe lo que existía hace diez años. El bienestar es un asunto propio de la burguesía milanesa o turinesa. Yo sé que a nivel popular nada ha cambiado. Más aún, como las desesperadas Casandras vienen desde hace tiempo repitiendo, las cosas han empeorado.

La parte meridional del país tiene el aspecto desesperado de una colonia, con sus toques de queda, sus desiertos y sus silencios. En Roma, tugurios, desocupación, caos, ferocidad, centenares de miles de personas que viven con cincuenta mil liras al mes. Yo, con mis propios ojos, verifico cada día que Tiburtino, el Quarticciolo, Primavalle, Pietralata y otros miles de barriadas marginales son las mismas de hace diez años, la gente vive del mismo modo que hace diez años. Más aún, si mi derecho de ciudadano que protesta incluye también la susceptibilidad estética, todo está peor que hace diez años, porque al menos, hace diez años, en torno a las villa miserias y a los tugurios estaban los prados: hoy hay una cosa indescriptible, el puro horror edilicio, algo que condena a quien allí vive a la contemplación del infierno.

Por eso corro el riesgo tranquilamente de impopularidad; y afirmo con plena conciencia que no existe lo que todos piensan que existe, y al pensarlo lo hacen existir: podría escribir otras diez novelas, o realizar otras diez películas sobre un mundo que el racismo burgués no quiere conocer y que es en realidad expresivamente inagotable, porque no son los cuatro pesos del boom del Norte que podrán cambiarlo. Pero como en este momento en el cual la fascinación de la mediocridad neocapitalista –eficiencia, iluminismo cultural, gozo de vivir, abstracción y motels- actúa sobre todo en el ánimo de los simples, que se ilusionan que cambiarán la vida imitando como puedan la vida vulgarizada de los privilegiados, o incluso, contentándose con pensar eso, la revolución de la estructura se muestra como necesaria. Creo que no solo es la salvación de la sociedad, sino incluso del Hombre. Una horrenda “Nueva Prehistoria” será la condición del neocapitalismo en los finales de la antropología clásica, ya agonizante. La industrialización en la línea del neocapitalismo desertificará el germen de la Historia…

Pero me interrumpo, porque estos, de este modo, son discursos de diletante, y se justificarían solo… si estuvieran en verso…

 

S: ¿No has hablado acaso de esto en tus poesías más recientes?

 

P: Sí, mis poemas de estos dos últimos años hablan de estos problemas. El adiós del hombre a los campos… es decir, a la civilización clásica… a la religión. Se titulan –dado su núcleo irracionalista- Poesía en forma de rosa, pero podrían lógicamente titularse La Nueva Prehistoria. La lucha obrera me parece no solo una lucha ideal por el futuro del hombre, sino incluso como una lucha necesaria y terriblemente urgente para salvar su pasado…

 

S: La humanidad está sobre todo preocupada por el peligro de una guerra catastrófica. ¿Te parece que el horizonte permanecerá siempre tan oscuro como para justificar estos temores?

 

P: Yo tengo una gran ternura por Juan XXIII, una gran admiración por Kruschov, y una cierta simpatía por Kennedy. Mientras que tengo un profundo desprecio por la burguesía: un desprecio práctico e ideológico, que me hace ver nuestro porvenir como muy oscuro. Casi un museo teratológico como el de Hitler, nuestras burguesías son capaces en cada momento, en toda circunstancia, de producirlo; porque son monstruosas ellas mismas, por su aridez, cinismo, ignorancia, mediocridad, ferocidad, miopía. En el vértice, el horizonte está bastante sereno. Pero en el nivel medio del capitalismo –o del neocapitalismo- la guerra es un hecho que puede siempre suceder. Es por esto que, inconscientemente –pese a su absurdo- continuamos temiéndola.

El sentimiento de los privilegios de clase que, en el plano práctico, es terriblemente racional, en el plano ideológico está bajo el dominio irracional. Por lo tanto no veo qué garantías puedan dar nuestras clases dominantes de paz. Ellas, de todos modos, tienden a modelar al hombre según su forma interna: la monstruosidad, como mecanicismo, ausencia de lo humano. Hagamos explotar las bombas atómicas o lleguemos a la completa industrialización del mundo, el resultado será el mismo: una guerra en la que el hombre será vencido y quizás se perderá para siempre.

 

S: Las referencias a recientes debates culturales en la URSS y a las posiciones que allí han predominado –y sobre las cuales hemos expresado nuestro parecer y precisado nuestros puntos de vista de disenso- se han convertido en un tema obligatorio, a menudo para sacar partido para la propaganda anticomunista en esta campaña electoral. ¿Nos decís que pensás, sobre esas cuestiones y sobre el eco que han tenido aquí?

 

P: Sí, desapruebo el discurso de Kruschov sobre cuestiones literarias y artísticas. ¿Quién no lo desaprueba? Deduzco que, como crítico o ideólogo literario, Kruschov, que es un grandísimo hombre político, no vale mucho. Por otra parte, envidio a Evtuchenko. ¿Te imaginás una Italia en la que el jefe del gobierno hiciera un discurso de cincuenta páginas sobre un poeta o sobre una cuestión de ideología literaria? ¿Te imaginás una Italia en la que el inmenso público, que se interesa por las estupideces de la televisión, se interesara en cambio por los problemas de la poesía?

La dura realidad es que en Italia los leaders de los partidos en el gobierno perderían miles o centenares de miles de votos, si hablaran de literatura: la dura realidad es que en Italia los jefes del gobierno, si se interesan por problemas estéticos, es para inaugurar las iniciativas culturales de cuarto orden o para otorgar honores a personajes jubilados o académicos; la dura realidad es que en Italia la clase dirigente se defiende contra los intelectuales y los poetas haciéndolos brutalmente a un lado o mandándolos a la cárcel.

Claro que, pese al discurso de Kruschov, ¡voto comunista! Porque sé que Stalin ya es una sombra: y el jefe de un gobierno que discute de poesía, incluso equivocado, me resulta extremamente simpático.  

 

 

El diario del PCI (Partido Comunista Italiano) “L'Unità” del 20 de abril de 1963 publicó esta entrevista a Pasolini realizada por el comunista histórico Paolo Spriano.

Traducción: Esteban Nicotra

*  Del libro Povera Italia –Interviste e interventi, 1949-1975, al cuidado de Angela Molteni (Kaos Edizioni, Milano, 2013). En Saggi sulla politica e sulla società (Mondadori, Milano, 1999) la entrevista aparece con el título “Voto PCI per contribuire a salvare il futuro”.

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La dura realidad es que en Italia los leaders de los partidos en el gobierno perderían miles o centenares de miles de votos, si hablaran de literatura: la dura realidad es que en Italia los jefes del gobierno, si se interesan por problemas estéticos, es para inaugurar las iniciativas culturales de cuarto orden o para otorgar honores a personajes jubilados o académicos; la dura realidad es que en Italia la clase dirigente se defiende contra los intelectuales y los poetas haciéndolos brutalmente a un lado o mandándolos a la cárcel.

ESTEBAN NICOTRA ha publicado, en poesía: La vida que se vive (Editorial Brujas, 2006), La vida que se vive (1992) y en ensayo: Ser el otro. Apuntes sobre la traducción literaria y versiones de poesías italianas contemporáneas (Brujas, 2007), La realidad en la palabra. Escritores italianos del siglo XX y nuestros días (Brujas, 2005). También ha publicado numerosas traducciones de escritores italianos, mencionamos, entre otras, las de Del diario (1945-47) y Empirismo herético de Pier Paolo Pasolini; Por un segundo o un siglo de Maurizio Cucchi y Gente al paso de Tiziano Rossi, todas por primera vez vertidas al castellano con ensayos introductorios. Ha publicado además traducciones de Ungaretti, Pavese, Conte, Campana, Saba, Sbarbaro, etc. En 2015 “Pasolini, mirando de frente al Poder sin rostro”, en Pasolini, una desesperada vitalidad, Shangrila, Santander (una hipótesis sobre el asesinato del escritor y cineasta italiano). Ha cuidado y prologado la edición de la poesía completa del poeta argentino Horacio Castillo Por un poco más de luz. Obra poética (1974-2005). Egresado de la UNC, realizó estudios desde 1988 a 1990 en la Università degli Studi de Florencia, Italia. Fue profesor de la cátedra de “Literatura Italiana” y del “Seminario de Traducción Literaria del Italiano” de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, desde 1986 a 2011. Junto con Sylvia Nasif fue programador y presentador desde 2008 a 2012 del cine debate "Cine Café ADIUC" y co-director de la colección “Vital” de la Editorial Brujas de Córdoba.