Nueva Etapa de la revista La Pecera

que inició su recorrido durante la crisis argentina del 2001 hasta el año 2009, en que dejó de publicarse en papel , hasta 2016,  en que reaparece con el Nro 15.

 "Ningún pez es demasiado raro para tu pecera" es el lema de la revista, inspirado en la conocida novela de D. H. Lawrence, señalando la heterogeneidad de contenidos y lenguajes. Y también, una apuesta por autores, poéticas y pensamientos a contrapelo.

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La PECERA.ne

ISSN 1666-8782

Fundada en Mar del Plata, otoño de 2001 © Editorial Martín y O. Picardo

DIRECTORES:

Osvaldo Picardo  y  Héctor Freire.

© 2016 Big Fish para La Pecera. Creado con Wix.com 

lapeceralibros@gmail.com

DIRECCIÓN POSTAL: Av. Pueyrredón 2387  5º Piso.  (1119) Capital Federal 

PAULA SIMONETTI

Paula Simonetti (Uruguay, 1989) Poeta y correctora de estilo. Licenciada en Letras, especialista en gestión cultural, maestrando en Sociología de la Cultura y en Escritura Creativa. Sus trabajos han integrado una serie de publicaciones y antologías, entre otras: “América Invertida: AnAnthology of YoungerUruguayanPoets” (Estados Unidos), se han publicado en diversas revistas literarias a nivel internacional: Spoke (Estados Unidos), FromtheFishouse (Estados Unidos), Modern Poetry in Translation (Inglaterra), Circulo de poesía (México), Luna Nueva (Colombia), Tierra Adentro (Secretaría de Cultura del Gobierno de México). Invitada a lecturas en múltiples congresos y eventos a nivel nacional e internacional. Obtuvo en el 2012 el Primer Premio de Poesía Joven Pablo Neruda, en el 2013 una mención en el concurso nacional organizado por la Intendencia de Montevideo, “Juan Carlos Onetti” por su libro En la boca de los tristes, en el 2015 obtuvo la beca FEFCA que otorga el Ministerio de Educación y Cultura en la categoría Letras. 

17/10/2017

 

la noche es aquello que se engendra

en la voz de un ciego

primero informe, se desata luego

en mitad de cualquier día

como una semilla que todos plantamos

por descuido

nuestro jardín es una sombra inmensa y sola

bajo el agua es difícil distinguir

dónde empieza y termina

el cuerpo

así

un ciego es capaz de levantar la noche

verla crecer de pronto

tenerla en su regazo

acariciarle el pelo cavar un pozo

en su centro y taparlo luego

con palabras de cemento o de ceniza

sabe devolver el sol

en forma de deshecho incomprensible

de raíz que no conocerá la superficie

surge la noche en la voz de quien no mira

como si vomitara un manjar que jamás ha probado

como si fuera una parte de un todo imposible

es capaz de ser ese vaivén que lleva

un verso a otro verso

como restos de gente flotando en un río

ese es el ritmo

esa música tierna

tan siniestra o plato al que se llega tarde

cuando todos los demás están durmiendo

hacia adentro

la noche es esa gran canoa indiferente

que empuja adentro de la voz de un ciego

confundiéndolo todo

ni las moscas saben en qué cuerpos

ni los perros saben en qué hueso

ni las palabras saben en qué nombre

son las puertas tapiadas las ventanas

de la casa que ya no te verá volver

porque se pudre al sol, se va

desmigajando desde los cimientos

y no hay rastros, ni escombros ni evidencia

tangible de que alguna vez

hubo una casa ahí

-decime vos qué cosa es

un río-

-decime vos qué ves-

dice la voz del ciego

una pregunta simple

que secuestra

la posibilidad de hablar de un río,

decirlo ha sido siempre

balbucear en la orilla

para después caer

sin misterio sin voz

caer

caer de golpe

como una piedra

que no tiene sombra y que se abisma

en el pozo de una noche que se cierra

desaparece, simplemente,

sin origen, sin rumbo, sin destino.

 

 

en Buenos Aires

 

de a poco recupero la costumbre

de poner una palabra detrás de otra

arriba de un papel arriba de una mesa

bajo la que duerme el perro aún

coordenadas de vida pequeña

más pequeña que el departamento

de la mujer sola que lo habita

y digo mujer y digo sola

por decir

en una ciudad de tantos rostros

o números ajenos

completamente incomprensibles

o veloces

nadie cuenta días para la revolución

parece invierno

cualquiera que se fue de su país

sabe que no es suyo y sabe

que el recuerdo es un patio soleado

al que no es posible regresar ileso,

por los nombres de las calles

el vértigo que dan las autopistas

deduzco qué día no habrá clases

las fechas patrias son enormes avenidas

que cruzo medio ahogada porque

hay que fumar menos te das cuenta

de a poco recupero el aire

dejo entrar al sol y observo al perro

nítido, distante, indiferente

Y limpio, ordeno lo pequeño

 

pongo una palabra detrás de otra.

No voy a hablar

voy  a hablar de otra cosa

nunca es eso

no te voy a decir

basta

voy a dibujarte este sutil

paraíso de papel

sin contarte los piojos ni los sueños

la mirada que se abre hacia una infancia breve

de las hamacas voy a hablar

de los rosarios

será que no rezás

que no te hamacaste

ayer

mañana

nunca

no voy a retomar la cuenta

moretones que se van pero hacia adentro

para volver a estallar en el gesto de los hijos

de tus hijos y ad eternum

me olvidaré después cuando esté hablando

a nadie

de Picasso

eso

duele

no tu mano  firme como

la rigidez de un loco

le diste vuelta la cara y volvió otro

de un golpe tu hijo se hizo hombre

no me vas a decir que ellos son niños

voy a hablar de otra cosa

aunque me vuelvo

a este abecedario

que solo habla de vos y de mi infancia

y nada más

no dice basta

no se hizo para decir basta

no voy a hablar del golpe y de la marca

de la forma en que tu mano aplasta el gesto

de tu hijo como si fuera mosca de verano

voy a hablar de la forma en que tu mano

se levanta desde adentro del poema

y lo deshace

 

 

ignorancia

 

habrás visto que doy vueltas

alrededor del vacío resistiendo, apenas

como el agua que se arremolina

en el desagüe de la pileta del baño

es decir

sin la elegancia de los nadadores

sin la majestuosidad del mar

sin la gracia de las niñas pelirrojas

sin la armonía de dos bailarines

ni el contraste de unas manos sobre el piano

es decir

no me deslizo sino que me resisto

torpemente

a verme en el espejo apenas me levanto,

no es

coquetería,

es

que me gusta vivir en esa zona

que es toda del silencio y que se abre

para mí como la rosa

de todos los caminos y de todas

las posibilidades,

algo hay que se revelará, y no lo hace

así me siento intacta como un niño

al que todavía nadie contó ninguna historia

y mira esa cosa informe que es el mundo

ignorando inicio conflicto y desenlace

sin ninguna noticia sobre el tiempo,

si existiera ese momento

si tuviera dirección código postal preciso

mandaría mis cosas a esa casa

y permanecería, simplemente.

 

 

 

*

algo en nosotros nos impulsa
a insistir en el razonamiento
de la persona intrascendente
escribiendo en un apartamento
de un edificio de una ciudad de un país
de un continente de un planeta de una galaxia
de un universo.
no sé si es el razonamiento
el que trae una calma ilimitada
o una desesperación que no tiene
comparación posible
y no sé si el problema
es que realmente no vinimos al mundo
para pensar sobre él
o es que el mundo vino a nosotros
y no sabemos qué hacer con su presencia
entonces nos golpeamos
como animales ciegos contra un muro
hasta perder el sentido,
el problema es que el muro no es un muro
el problema es que el muro es una cárcel
y no una cárcel epistemológica sino 
una cárcel a secas

 

piense usted ahora:
que hay una cárcel
y que en esa cárcel
hay una celda
y que en esa celda
hay un hombre
al que le falta
el mundo

en Montevideo

 

nosotros tenemos un río del que decimos

es un mar

es bueno saber que tenemos el mar

porque el mar es una sensación

y aquello que sucede frente al mar

obtiene de él su transparencia

porque el mar es el mejor testigo

testigo del tiempo

de nuestro tiempo

porque el mar es como una madre

que no nos espera pero nos recibe

una madre en la que podemos entrar

una y otra vez

aunque no podamos

permanecer en ella

 

porque el mar es un lugar ambiguo

tan ambiguo

como una madre