EL EJERCICIO DE LA MIRADA:

notas en torno a la écfrasis en la poesía de Ángel González

 

por Marta B. Ferrari

(Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina)

¿Adónde huir entonces?

Por todas partes ojos bizcos,

córneas torturadas,

implacables pupilas,

retinas reticentes,

vigilan, desconfían, amenazan.

 

Ángel González

 

 

Muy posiblemente el término “écfrasis” apareciera por primera vez en alguno de los muchos tratados de Retórica que desde el siglo I de nuestra era empleaban tanto los pedagogos griegos como los romanos para la preparación de los futuros oradores en el arte de la persuasión. Estos manuales proponían a sus alumnos una serie de ejercicios retóricos  que incluían entre otros, a la  narración, la sentencia, la refutación, el lugar común, el encomio, el vituperio y la descripción. Es precisamente lo que hoy conocemos como “descripción” lo que entonces se denominó “écfrasis”, una estrategia retórica consistente en “exponer en detalle y presentar ante los ojos de manera manifiesta el objeto mostrado”[1] (Teón et alii, 1991: 136-139) El énfasis, desde sus inicios, estaba puesto en la visión, en la pretensión -que sabemos imposible- de re-presentar (en el sentido literal de volver a hacer presente ante los ojos) una experiencia visual a través del lenguaje. Se trataba de un doble ejercicio, ver y hacer ver convirtiendo a los oyentes en espectadores. Tan importante era esta conversión que fomentaba la imaginación del oyente (su capacidad de crear imágenes mentales) que de todos los ejercicios incluidos en los manuales, la écfrasis es el único del que se subrayan los efectos que produce en el receptor.[2]

La traducción latina que nos propone Quintiliano -la de evidentia en tanto representación ante los ojos de lo ausente (Quintiliano, 1916: 326)- no hace sino insistir en el carácter radicalmente visual del recurso. Si leemos a estos primeros autores (Hermógenes de Tarso, Elio Teón, Aftonio) advertimos inmediatamente que en la antigüedad la écfrasis no sólo no fue interpretada como la descripción de una obra de arte (acepción impuesta mayoritariamente desde finales del siglo XIX) sino que el elemento artístico ni siquiera constituía una parte central de la definición original, como bien lo estudia Ruth Webb en su exhaustivo ensayo sobre la écfrasis, la imaginación y la persuasión en la retórica clásica (Webb, 2016: 70), y lo retoma más recientemente Victoria Pineda.[3]

Efectivamente, los retóricos pioneros en el asunto coincidían en señalar cuatro categorías de temas posibles para la écfrasis: las personas, los lugares, los tiempos y los acontecimientos,[4] siendo la descripción de obras de arte (pinturas, estatuas o monumentos) un tema agregado tardíamente, quizá alrededor del siglo V a partir de dos obras en prosa de títulos muy sugerentes: Imágenes -Eikónes en el original- del sofista Filóstrato, el viejo y Descripciones -ecfráseis- del retórico Calístrato[5]. Se trataría, entonces, de dos tradiciones teóricas diversas en torno al debatido fenómeno de la écfrasis. [6]

Sin embargo, la crítica literaria moderna adhirió mayoritariamente a esta segunda tradición y son numerosos los teóricos que optan por la acepción restringida del concepto, la que lo ciñe exclusiva y excluyentemente a la descripción poética de una obra de arte pictórica o escultórica tal como lo postulara el hispanista austríaco Leo Spitzer en los años 50 en su clásico estudio sobre la “Oda a una urna griega” de John Keats [7], o como lo harán años más tarde James Heffernan, Michael Riffaterre o W. J. Mitchell, quienes con sus particulares variantes coinciden en que cuando hablamos de écfrasis estamos hablando de la “representación verbal de una representación visual”, reconduciendo la especulación hacia fenómenos más actuales como los de la intertextualidad, la traducción intersemiótica o incluso la intermedialidad.[8]

En lo que sigue intentaré abordar el fenómeno de la écfrasis en la poesía de Ángel González pensando al recurso retórico dentro de relaciones más amplias vinculadas con el ejercicio de la mirada. No me detendré, por tanto, en los poemas tradicionalmente calificados de ecfrásticos -me refiero a “Dánae”, “El Cristo de Velázquez” o “Palabras desprendidas de pinturas de José Hernández” sobre los que hay ya excelentes estudios como los de Mary Makris, María Payeras Grau, Luis García Martínez y los trabajos conclusivos de José Enrique Martínez Fernández- por el contrario,  intentaré desde este marco retórico inclusivo, leer un vasto número de poemas gonzalianos que ejecutan, a mi entender, una auténtica poética de la mirada. [9]

(Continúa)

 

[1] Aristóteles en su Retórica (Libro III, 11) ya hablaba del ejercicio de “poner ante los ojos” para referirse a la metáfora y a la imagen (1971: 203).

[2] El texto ecfrástico, como sostiene Luz Aurora Pimentel, “actúa como guía o criba que orienta la percepción del lector” (2001:115), penetrando su imaginación visual e involucrándolo emocionalmente en el tema del poema, el poeta conmueve y persuade más eficazmente que a través de argumentos lógicos, al convertirlos en testigos virtuales de lo que el sujeto ha visto o dice haber visto.

[3] El modelo pedagógico de la écfrasis fue la descripción del escudo de Aquiles en la Ilíada, sin embargo, la tesis de Ruth Webb es que éste no es concebido como obra de arte sino como parte del armamento militar propio de una guerra (Webb, 2016: 70). Victoria Pineda, por su parte, subraya también el significado amplio del concepto: “Comúnmente la crítica de nuestros días entiende por `écfrasis` la descripción literaria de una obra de arte visual. Esta definición (…) fue acuñada hace sólo unas décadas, mientras que el término que la aloja goza de una tradición de siglos.” (Pineda, 2018: 22)

[4] Los ejercicios referidos a la écfrasis se enseñaban como parte de los ejercicios correspondientes a la narración. Los cuatro objetos a ser descriptos (personas, lugares, tiempos y acontecimientos) se correspondían con los cuatro elementos de la narración: el quién, dónde, cuándo y qué.

[5] Mientras la obra en prosa de Filóstrato, el viejo -Imágenes- describía 65 pinturas (cuadros o frescos) inspiradas en motivos procedentes de la literatura, la mitología y la historia, y la de Filóstrato, el joven describía 17 pinturas, la de Calístrato -Descripciones- describía 14 estatuas. Es todavía una cuestión en debate si el discurso ecfrástico de Filóstrato el viejo respondía al mandato de un documento histórico (la descripción de una pinacoteca napolitana tal como declara en la introducción) o si, por el contrario, se trataba de pura ficción literaria.

[6] Frank D`Angelo afirma: “The tradition of ekphrasis as a ´rhetorical description of a work of art´ (Mitchell, 153) had a separate development from that of ekphrasis as a formal description of people, places, times, and events and as one of the exercises of the progymnasmata” (D´Angelo, 1998: 442)

[7] Pineda afirma: “La definición de Spitzer es (…) la primera que designa la écfrasis como `the poetic description of a pictorial or sculptural work of art`.  Los treinta años que siguieron al artículo de Spitzer sobre el poema de Keats contemplaron el desarrollo paulatino de este sector de la crítica y la teoría de la literatura, pero fue sobre todo en la década de los noventa del siglo xx cuando los especialistas hicieron que cobrara una presencia más que notable en el campo de los estudios literarios”. (Pineda, 2018: 23)

[8] Me refiero a los siguientes textos: Mitchell, W. J. T. (1994). Ekphrasis and the Other. Chicago: Universidad de Chicago (http://www.rc.umd.edu/editions/shelley/ medusa/mitchell.html.) y Riffaterre, Michael. (2000). “La ilusión de ecfrasis” en Monegal, Antonio et ál. Literatura y pintura. Madrid, ArcoLibros, pp.161-183.

[9] Me refiero a los siguientes trabajos: Makris, Mary (1991). “Intertextualidad, discurso y ekfrasis en ´El Cristo de Velázquez´ de Ángel González”, en En homenaje a Ángel González: ensayos, entrevista, poemas, eds. Andrew P. Debicki y Sharon Keefe Ugalde, Boulder, University of Colorado, pp. 73-83;  “Ángel González’s ´Palabras desprendidas de pinturas de José Hernández´: A Verbal-Visual Collage” (1991), en VV. AA., Selected Proceedings of the Thirty- Ninth Annual Mountain Interstate Foreign Language Conference, Clemson UP.  Payeras Grau, María (2009). “Versos amebeos. Diálogos y resonancias en la poesía de Ángel González” en El sueño de la realidad. Poesía y poética de Ángel González, Santa Cruz de Tenerife, La Página ediciones, pp. 117-149. García Martínez, Luis (2011) La ékfrasis en la poesía española: de Ángel González a Encarnación Pisonero, Madrid, Editorial Devenir. Martínez Fernández, José Enrique (2014). “Música y pintura en la poesía de Ángel González”,  Prosemas, 1, pp. 127-151, y  Martínez Fernández, José Enrique  (2017). El lienzo de la página (la poesía y las otras artes), León, Universidad de León.

 

 

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