“Ututear” bajo el agua

Ahora recuerdo algunos ensayos sobre la poesía de Camilo José Cela y de Manuel Scorza (reconocidos como narradores y olvidados como poetas), también un desvarío sobre algunas agudezas de Lichtenberg; y seguramente me estoy olvidando de algo...

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Un escritor “del interior”

Es duro ser un escritor “del interior” y ver cómo algunos de tus pares, por el sólo hecho de vivir en la Capital Federal o por estar dentro del semicírculo que la circunvala a medias y la proyecta hacia el mar, tienen acceso a espacios impensados para vos. Si nunca pediste algo, sino que esperaste ganártelo a fuerza de trabajo, es todavía más duro aceptar que las posibilidades no son para todos, y mucho menos el reconocimiento.

Que Osvaldo Picardo, incansable trabajador de la literatura, en definitiva, también un escritor “del interior” me propusiera formar parte del comité asesor de LA PECERA fue todo un galardón para mí. Hacerme figurar como parte del cuerpo de consejeros editoriales de su revista, viviendo yo en Tucumán, desmesurado subtrópico al que pertenezco por elección, no por origen, fue una cucarda que nunca supe si merecía o si era el regalo de un amigo afectuoso.

Agradezco a Osvaldo la entrevista que me hizo en el Nº4; todavía hay algunos que recuerdan ciertas humoradas que incluye aquella charla por escrito. También agradezco haberme incluido en su selecto grupo de colaboradores desde el otoño de 2003 hasta igual estación de 2007. Pero por sobre todo agradezco que incluyera algunos textos que escribí y que no hubiesen tenido cabida en otras publicaciones menos flexibles. Ahora recuerdo algunos ensayos sobre la poesía de Camilo José Cela y de Manuel Scorza (reconocidos como narradores y olvidados como poetas), también un desvarío sobre algunas agudezas de Lichtenberg; y seguramente me estoy olvidando de algo. De lo que no me olvido es del placer que sentía cada vez que el correo, antes de ser El Difunto Correo (ayayay con estas cuestiones de género) me entregaba un nuevo ejemplar de esa maravillosa revista/libro. Y un agradecimiento extra: haberme permitido, entre páginas y páginas, formar parte de un vecindario donde destellan muchos nombres importantes.

Esta noche husmearé nuevamente en el Nº1 (“ututearé”, como decimos en Tucumán) y seguramente será con el mismo entusiasmo de la primera vez, porque tal vez tenga que darle la razón a Le Pera y reconocer que veinte años no es nada; aunque sean, días más, días menos, la cuarta parte de nuestra vida; tal vez la parte más feliz.

 

 

 

Rogelio Ramos Signes