ALBERTO BOCO
Cuatro poemas
Nació en la Ciudad de Buenos Aires, en 1949. Ha publicado 10 libros de poemas: Arcas o pequeñas señales, 1986. Galería de ecos, 1989. Ausentes con aviso, 1997. Cartas para Beb, 2007. Riachuelo, 2008. Malena, 2012. Estación de nosotros, 2014. Visitas inoportunas, 2014. Para un programa de disolución y otros textos, 2016. Enigmática gracia de las cosas, 2025. Poemas suyos fueron publicados en revistas literarias de Argentina y el exterior. Ha recibido diversas distinciones de Argentina.

I.-
En abril resalta el amarillo del fresno contra la inclemencia gris
el capricho de una palmera desajusta el paisaje y el ojo no pinta
los colores que tampoco estuvieron allí desde siempre
como los que llegaron sin elegirlo y duermen entre sus trapos
al reparo de la intemperie y no imitan
la displicencia con que Diógenes ahuyentaba las miradas curiosas
y las preguntas del poderoso.
Algo más de dos milenios han mutado muchas veces
los órdenes del pensar y hoy ya nadie arroja la escudilla que otros
disputarían seguro y que según las coordenadas podrían opacar
ciertos paisajes municipales.
Largas filas tempranas visten la espera con los rostros del nuevo día
el mismo cada vez como los nombres de cada uno
como las imágenes idílicas que lentas extravían su rumbo
entre las derivas de la memoria.
En un rincón del tren el viejo duerme sentado en el piso
con la camiseta roída de su club favorito
desde un costado de la boca brilla un hilo plateado alargándose
nace un balbuceo y estamos así
solos procurando
adivinar qué sueños o pesadillas lo pueblan.
En la misma piedra rodante de lodo y de agua
otro soñador y otro creyente
hay un despertar filoso que aturde y un sobresalto
y otro que pierde para siempre un arreglo que sumaría valor
a su ya famoso algoritmo.
Hay otro más que duerme a la salida del túnel
no se ve pero según se mire se puede adivinar
la sombra que campea en los bajos del pecho.
Soñares diferentes respiran igual aire
con distintos padeceres y alegrías
hija del fantasma la máquina de la ilusión
bajo el paraguas de algún cielo
esas fantasías ya no serán recuerdo siquiera.
El sol del mediodía se ha inclinado un poco
siempre silenciosa toda penumbra
se ve más extendida sobre la curva del planeta.
III.-
Pájaros sobrevuelan el cielo del parque
a gran altura la traza del avión
su trueno de bajo continuo que llega
con física demora es apenas audible.
Corren tropiezan se arrebatan
para ganar lugares en la fila los chicos
que buscan el deslizar del tobogán
la única certeza podría ser
la obstinada razón gravitatoria
sobre niños pájaros pasajeros.
¿Cuál verdad supone conocer todo destino cercano?
Allí
sin cerebro ni ojos
vacante su cuerpo y toda idea de ser
su juego impulsa la rueda
una carta una baraja
y allí no se atienden plegarias
no hay cábalas de pasajeros ni juegos de niños.
A lo lejos en lo alto se pierden de vista
esos puntos obscuros moviendo las alas
disjuntos por completo de todas estas palabras.
Apenas una pura indiferencia.
VI.-
En el vacío espacial cuencas resecas de un río
sombras ese silencio animal que no es más
que ideas de una era o el tiempo sacado de quicio
con ojos lacónicos la imagen se precipita
sin alterar en su distancia la expresión vacante
hay un foco cenital sobre lo sin vida
hasta el agrisado negro del off
y el retorno a los juegos amargos
la ecuación el algoritmo
la espera del instante del siguiente disparo
encendido por otras de las miles de preguntas
que mil megavatios empujan sin más
que la segunda ley ese límite
de las galaxias
del sol
de todos los nosotros con o sin fe
deambulando
en la grande noche de la ilusión.
V.-
Ausente de toda densidad ese brillo es un reflejo
del sentir que sabe del fuego que todo lo devora
y del tiempo que con delicadeza lo hace lentamente
carece de las marcas del desasosiego
la traza de dolores antiguos con el peso del amanecer
la carga de alguna expectativa por el rumor que señala
lo bello lo justo la brisa en el crepúsculo
ese rostro dibuja tantas formas
como quiera el que mira
y sin saberlo
anonadado cae bajo su dominio
ese rostro sin rostro sabe tanto de vos o más
que vos mismo aunque de pronto
desleído se vaya perdiendo hasta ser otro
y otro más
pura imagen y más
(he ahí su mejor amenaza)