UN TIEMPO SIN DESTINO. Fragmentos de un discurso en pandemia

de Sara Cohen y Osvaldo Picardo. Paradiso Ediciones, 2021, Buenos Aires

 

Lecturas de


Selva Dipasquale

Rita Kratsman

Daniela De Angelis -Daniela D. Pacilio


 



RAFAEL: Hemos descubierto, una mañana, inesperadamente, en el patio de nuestra casa, el rastro de la víbora, trayendo consigo la pesadilla, el horror,
el entresueño, el hambre. La tortura
desplazó, férreamente, al nacimiento, y en nuestros sueños reinan, rabiosas las medusas. ¿Después De esto,
qué vendrá? ¿Qué es lo que habremos de legar?


JOSÉ: Aunque de todo este horror edifiquemos algo más claro y duradero,
habrá sido tan alto el precio
que en comparación nuestro edificio no será nada,
y aunque la tierra entera cante con una voz unánime, mucho más tarde, junto a la mesa servida,
habrá siempre un momento negro sobre una rama del tiempo donde los sueños convictos de estos siglos ruidosos
recibirán, de los verdugos de sueños, su condena.


Fragmento del poema Diálogo bajo un carro  
de Juan José Saer



En 2019 el mundo se detuvo y ya no pudimos bajarnos. Como cuando un auto frena de golpe y nos quedamos contemplando nuestras heridas irremediables. Un tiempo sin destino es un diálogo poético entre Sara Cohen y Osvaldo Picardo. Ellos lo explican en el breve epílogo: Cuando empezó la pandemia, también surgió este diálogo, el nuestro, de un balcón en Buenos Aires a un patio en Mar del Plata. Fue cruzar, ida y vuelta, un puente que no existía… El libro es un intercambio que nos representa a todos y todas en esta pandemia igualadora. Los autores proponen una observación intensa, una contemplación decidida, un registro en clave poética acerca delo que sentimos atravesando esta crisis mundial y de lo que nos rodea: seres y cosas. Esto… ¿Qué es esto? Se pregunta Sara Cohen…Hasta hace poco no sabía quiénes habitaban los departamentos de los edificios vecinos. Empecé ahora a conocerles los hábitos que adoptan. Yo también soy una desconocida para mí misma...Me tranquiliza mirar la copa verde de los árboles. Ellos son la libertad. Mi cuerpo confinado, no logra entender la vida que le toca vivir. Un tiempo sin destino contabiliza muchas hojas en el balcón cambiando de color estación tras estación, mucho mar abandonado, la falta de besos y cartas de amor, los sueños nocturnos en una realidad onírica y la extrañeza del cuerpo propio en horas suspendidas: La cuarentena desnuda el exterior de nuestros cuerpos. Sara y Osvaldo tejieron el hilo de una conversación que se hizo red, que tomó cuerpo en el libro. Qué mejor momento que una crisis para ejercer un acto solidario de contención frente a la perplejidad, de celebración de la amistad. Un libro a cuatro manos. Hubo quienes usaron zoom, Google meet, las redes sociales. Ellos decidieron tejer una red de palabras por mail para entregarlas a lectores y lectoras ávidas, como una ofrenda. La incertidumbre nos obligó no sólo a detenernos, sino a pensar estrategias de supervivencia, y también, a analizar nuestro pasado para repensar nuestro futuro como humanidad. El libro comienza con El olor a mar -paisaje de Osvaldo Picardo- como otras veces, pero el de la niñez. Y Sara responde: …veo desde mi balcón la luminosidad de las hojas y las sombras proyectadas sobre la vereda. Bosquejo de un puente entre este presente y mi experiencia de quietud en la niñez. Mucho se ha dicho acerca de si la humanidad será mejor o no a causa de esta pandemia. Si habremos aprendido algo. No lo sabemos ni podemos generalizar. Pero la vida se constituye de pequeños actos que intentamos en nuestro nuestro cotidiano para interpelar o embellecer el mundo. De la potencia de esas acciones también da cuenta un Tiempo sin destino. Como dice Osvaldo: Lo


bello puede acontecer en medio delos temporales o en este otro verso Sí, la alegría deque se genere lo inesperado, y de que no te deje caer. ¿Cómo es eso de no dejarte caer? Sí, la poesía tiene brazos invisibles que saben abrazar muy fuerte y sostenerte. Finalmente, me voy a permitir dialogar con el título. ¿Realmente este tiempo es un tiempo sin destino? ¿O es un destino que momentáneamente, Sara y Osvaldo lograron torcer para recrear un tiempo de reflexión diferente en medio de la crisis? Selva Dipasquale *** Dos voces poéticas, aisladas por un factor externo que involucra a la humanidad se unen en un diálogo, como un imperativo de describir el escenario reinante a su manera, y por cierto desde el lugar donde cada uno puede hacerlo. Surge entonces a partir del encierro una poética del espacio con una mirada hacia adentro de ellos mismos y de la “casa” no más allá de un patio o un balcón, tratando de ser habitantes del mundo a pesar del mundo. Y de pronto como un fulgor de conciencia se siente que la rutina doméstica cambia y hace ver todo diferente, como si hasta los objetos ascendieran a un nivel de realidad en la que antes no nos habíamos detenido. O de otro modo como una paradoja de iniciación de algo que fue habitual. Es necesario destacar incluso un volver al tema de la muerte ya sea la de un familiar en el caso de Osvaldo, o en el de Sara, a una migración obligada por la barbarie del nazismo. Como si la pandemia hubiera disparado esos recuerdos por medio de una dinámica sombra-luz siendo el flagelo en sí mismo (momentáneamente) una amenaza sin solución de continuidad.


Sin quererlo, el lector participa del drama cósmico a partir de un intercambio que pone a prueba la soledad, la incertidumbre y ala vez, una decisión de resistencia. Partiendo del título mismo, surge sin más la pregunta: en este viaje a través del puente Bs. As. Mar del Plata que vino a concretarse en este maravilloso libro, ¿cabría realmente para ambos la sensación de Un tiempo sin destino, como una circunstancia irreversible? Rita Kratsman *** Sara y Osvaldo no indagan sobre el lugar común de lo inhóspito. No centran sus poéticas sobre el daño que el encierro genera, sino que buscan rastrear la memoria de los cuerpos y las vidas afectadas por la incertidumbre de una temporalidad suspendida en lo irremediable. Una temporalidad que es ésta, pero también la de otros holocaustos: el acontecer indisoluble del dolor, de eso irremediable que nos vuelve otro y otros y uno al mismo tiempo. No apelan al imaginario de la reclusión, puesto que no hay ni la voluntad ni el deseo de ser atravesados por la rareza y sin embargo, la perciben, la habitan, se dejan atrapar por ella y sobre todo, la destajan. La perplejidad se vuelve rostros, nombres, música, ciudades: el paisaje mismo de un viaje que nos encuentra siempre extranjeros. Desde la condición impuesta por la distancia y ambos en situación de encierro, la construcción del libro se abre como un diálogo potente, una fuga rizomática: una memoria, una experiencia, un recuerdo o una percepción escribe a la otra no en la búsqueda del alivio, sino para devenir en encuentro, en un todo, unidad en la mixtura de géneros en oposición a lo unívoco.


Borges expresó que para escribir, es necesario primero ser espectador: ver cosas, verlas de un modo difuso y entonces, aproximarse y observarlas de cerca. ¿Cómo intermedió -si es que lo hizo en Uds.- esta idea considerando la dificultad que presenta la experiencia misma de la pandemia en el devenir del proceso escritural del libro?



En la lectura, encuentro unidad: ¿cómo lograron que una misma cosa y su contrario fuera hilvanando luminosamente los destinos personales -y los colectivos- en algo mucho más desolador y bello que las propias angustias personales? En ese sentido: ¿cómo fue el proceso de escritura en cada uno y cómo en la suma de ese todo que es el libro?



Como lectora, encuentro en diferentes pasajes del libro la mención al sentimiento de extranjería, de sentirse por momentos “turistas” de un destino fluctuante. ¿Podrían desarrollar esa idea?



Daniela De Angelis -Daniela D. Pacilio-

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