LUIS VICENTE DE AGUINAGA
POESÍA DE MÉXICO
Nació en en Guadalajara, en 1971. Es una figura clave en la crítica y creación poética contemporánea en México. Su obra abarca más de una docena de poemarios y numerosos ensayos.
Además de poeta es ensayista, traductor y profesor universitario.
Doctor en Letras Románicas por la Universidad Paul Valéry de Montpellier. Su obra abarca más de una docena de poemarios y numerosos ensayos literarios, con especial atención a la poesía hispanoamericana
y autores como Juan Goytisolo.
Ha recibido reconocimientos como el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (2004), el Premio Nacional de Ensayo José Vasconcelos (2005) y la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en Lenguas de América (2019). Es profesor titular en la Universidad de Guadalajara y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Su escritura se distingue por el rigor formal, la reflexión crítica y una constante exploración del lenguaje poético.

El mundo ardía
¿Qué respiran las piedras? ¿Respiran
voces en silencio de otras piedras?
Voces de piedras
que respiran.
¿De dónde cuelga el mundo?
¿Cuelga de un árbol de otro mundo?
De un árbol de otro mundo
cuelga el mundo. ¿Está
todo el año plantado donde mismo?
¿Y el año precedente? ¿Ha estado un año
y otro año
y sin moverse un año más
plantado hasta el pasado
mínimo de la semilla? Está
todo el año plantado donde mismo.
¿Tiene la luna de veras otro lado?
¿Es ese lado de la luna
el otro lado de las cosas? ¿De la penumbra? ¿De la luz? ¿La cara
de lo que no tiene otra cara? ¿Qué cosa
es lo visible? ¿A qué se parece
ver la noche? ¿Se parece a no ver
las cosas aunque sigan
ahí? Se parece a no ver.
El mundo ardía
y el fuego se acercó a mirar por mi ventana.

El mosquero cardenal
Sin guardaespaldas ni pandilla,
el mosquero bermejo inspecciona el territorio
de un estrecho jardín al sudeste de Zapopan.
No anida ni se ayunta. Está de paso.
Por qué tan solo, pechirrojo.
Más que volar, saltas de rama en rama
y reservas las alas para otras travesías.
Mientras aquí es verano,
vuela en busca del sur y del invierno
y en cada latitud cambia de nombre.
Chapaturrín. Sacaturreal. Churrinche.
Cabeza en llamas: pirocéfalo.
Papamoscas, a dónde tan peinado.
Claro que no te importa la belleza
ni das un cacahuate por Plotino,
por Kant y lo sublime,
Baumgarten y la estética en pañales.
Pero, al verte, quise decir en broma
que tú eres mi nagual, mi cómplice, mi espíritu,
y cuando al fin lo dije
admití que de veras lo creía.

Asimetría cerebral
Ahora que lo pienso,
no sé de mí desde hace siglos.
Desde hace un año, más exactamente:
desde anoche,
desde que sí sabía
lo que no era importante que supiera.
Supongo que dormí en mi cama,
que me puse mi ropa,
que acaricié a mi gato
inventándole nombres como salvoconductos.
En vista de los restos de comida
sospecho que pasé por esta mesa.
Me presiento
cuando la puerta cruje,
cuando el zapato avanza un poco,
pero no estoy seguro
de saber a quién llamo por mi nombre,
por los nombres del gato,
con palabras de anoche y de hace siglos.

